Los vauxhall fueron una invención inglesa, introducida en Paris, con enorme éxito, a partir de 1765. Ofrecen a los ciudadanos excepcional variedad de placeres y sensaciones, concentrados en un mismo lugar: salones para banquetes y bailes, espacios de conciertos y teatro, salas de juego, habitaciones y prostíbulos de lujo. El primer vauxhall abierto por los Ruggieri tenía una capacidad de 1500 personas. Le sigue, en 1774, el vauxhall del Coliseo, en los Campos Eliseos, capaz para 5000 personas. A principios del siglo XIX, existes varias decenas de establecimientos de este tipo. La gran capacidad de sus patios interiores permitia realizar espectáculos pirotécnicos, que se convierten en el atractivo más multitudinario y rentable de los vauxhall. Los Ruggieri son accionistas en varios. En ellos se desarrollan las pantomimas, donde el guión no eran más que un pretexto para las colecciones de fuegos artificiales, que se lanzaban continuamente.

Los enormes gastos que suponían el mantenimiento de los vauxhall van llevándolos a sus cierre. A finales del siglo XVIII aparecen los “fuegos de jardín” diseñados, también por los Ruggieri, para espacios reducidos y con material de escasa potencia.

La culminación de este tipo de “Grandes espectáculos” tuvo lugar en Gran Bretalla, en 1814, como final de las guerras napoleónicas y el inicio de aquel país en su condición de gran potencia mundial. Duró tres horas de fuegos continuos, disparados en el Green park, de Londres, y que culminó en la “Gran Metamorfonsis del castillo de la Guerra en templo de la Concordia”. De este espectáculo dijo el diario “The Times” dos días después “The fireworks were splen-did… the chief fault of the amusement. Was its insufferable length, in consecuence of the wearisome repetition of the same fireworks.”