No es hasta el siglo IX, de nuestra era, cuando se descubre la composición de la pólvora en China. El descubrimiento de la pólvora se debe a la alquimia. Tuvo su origen en la magia taoísta, guiada por la esperanza de alcanzar la longevidad o la inmortalidad material. Descubrimos sus comienzos en China hacia el final de los Thang, cuando hallamos la primera referencia a la mezcla de carbón vegetal, salitre (nitrato de potasio) y sulfuro.
La droga del fuego, que es el nombre más característico que se le da a las mezclas de pólvora, aparece como detonador en un lanzallamas en el año 919.
En el Libro Wu ching tsung yao del año 1044 se encuentra la fórmula más antigua de la pólvora que no se conoce en ninguna otra civilización. Fecha muy anterior a la más antigua referencia europea de una composición de pólvora, que data de 1327.

En Europa se habla de un monje alemán, Berthold Schwarz, como descubridor de la pólvora en el siglo XIII, pero es incierta incluso la existencia del personaje. Se es cierta, en cambio, la del inglés Roger Bacon, que dejó escrita la fórmula y especuló sobre su uso militar:

Referencia por Roger Bacon, la Epistola de secretis operibus Artis et Naturae, et de nullitate Magiae (ca. 1250):
Accipiatur igitur de ossibus Adae, et de calce sub eodem pondere; et sint sex ad lapidem Tagi, et quinque ad lapidem unionis; et terantur simul cum aqua vitae, cujus proprium est dissolvere omnes res alias, ita quod in ea dissolvantur et assentur. Et iteretur multotiens contrition et assatio, donecin cerentur; hoc est ut uniantur partes, sicut in cera. Et signum incerationis est, quod medicina liquescit super ferrum valde ignitum; deinde ponatur in eadem aqua in loco calido et humido, aut supendatur in vapore aquarum valde calidarum; deinde dissolvantur, et congelentur ad solem. Dein accipies sal petrae, et argentums vivum convertes in plumbum, et iterum plumbum eo lavabis et mundificabis, ut sit proxima argento, et tunc operare ut prius. Item pondus totum sit 30. Sed tamen sal petrae LURU VOPO VIR CAN VTRIET sulphuris; et sic facies tonitruum et coruscationem, si sias artificium (Cap. XI)
¿Se trató de un invento propio o fue transmitida desde Oriente?
Esta última teoría aparece como más probable. Parece que fueron los árabes, extendidos ya por el índico y sureste de Asia, quienes introdujeron el conocimiento de la pólvora en Occidente desde Oriente. Al nitrato le llamaron “nieve de la China” y daban ya la fórmula clásica de la mezcla: 10 dramnas de nitrato potásico, uno y medio dramnas de azufre y dos dramnas de carbón. Muy cercano, por tanto, a la usada hoy: 74 % de nitrato potásico, 15 % de carbón y 11 % de azufre.

En una obra de Nedjen Eddin Hassan Alzammah, escrita a fines del siglo XIII, se encuentran variadas fórmulas para producir efectos pirotécnicos con base en la pólvora. Describe, por ejemplo, el efecto “luz de luna” (salitre, 10; azufre, 2.5, arsénico, 2; blanco de albayelde, 0.5) o los “volantes”, las “estrellas” y las “ruedas”.
Fue también a comienzos del siglo XI cuando nació un nuevo tipo de flecha incendiaria, el cohete (una caña de bambú rellena de una composición de nitrato común y atada a una flecha).
La invención de la pólvora dio un gran impulso a la pirotecnia en sus dos ramas, la civil y la militar.
Son, pues, los árabes quienes recogen la tradición china y la introducen por el mediterráneo. Introduciéndose estos conocimientos y usos en la península Ibérica, y extendiéndose desde aquí al resto de Europa.