Así pues, las manifestaciones artísticas, además de una claridad de contenido ideológico, deberán ir acompañadas de la suficiente capacidad de catarsis y emoción que impresione vivamente los sentidos de los fieles.
En los espectáculos pirotécnicos el elemento mágico del fuego convierte la escena en algo maravilloso que incide en los sentidos de los espectadores transportando el alma a la esfera de lo espiritual, donde todo es posible.
En estas escenificaciones se manifiesta otra característica de la Contrarreforma, el heroísmo y grandiosidad de los santos que se convierten en figuras patéticas y grandiosas por medio de personificaciones alegóricas. Los místicos españoles encarnan espléndidamente el carácter heroico de la Contrarreforma.

En Valladolid en 1614 se construyó un castillo de fuegos artificiales con un horrible diablo hecho completamente de piezas de artificios. Este personaje ilustraba el triunfo de santa Teresa de Jesús que, ayudada por la gracia divina, resiste la tentación del infierno.
La representación alegórica del santo heroico, junto con herejías y vicios se ejemplariza espléndidamente en la celebración de la beatificación de san Ignacio de Loyola, que tuvo lugar en Sevilla en l610. Se trata de una versión particular del castillo de fuego construido sobre una imitación de montaña. Arriba de cada una de las cuatro torres, así como sobre otros pedestales, se encontraban personificados los diferentes vicios de la herejía, del mundo y del diablo. Una mujer con gesto arrogante personificaba el orgullo, otra de gran belleza la carne y una vieja prostituta la Conscupiscenti oculorum.
El conjunto formaba un solo cuadro casi estático: pero un personaje, representando un soldado bajo los rasgos de san Ignacio, descendía del techo de un edificio cercano por medio de una cuerda incendiando el cuadro El ataque del castillo toma aquí una significación moral.
Las representaciones de la Virgen aumentan a principios del siglo XVII con motivo de la promulgación de la doctrina de la Inmaculada Concepción, dándose fiestas en su honor en las ciudades más importantes de España. El 13 de septiembre de 1635 en Granada tuvo lugar una demostración del triunfo de la Virgen sobre la herejía.