En el siglo XVI Venecia sustituye a Florencia como foco de poder y cultura. La pirotecnia encontró en Venecia el lugar idóneo para su desarrollo técnico ya que eran muy numerosos y muy bien pagados los espéctaculos pirotécnicos. Queda memoria del ofrecido con ocasión de la victoria del mundo cristiano sobre el imperio otomano, en la batalla de Lepanto. El 18 de octubre de 1571, once días después de producirse, llegó la noticia a Venecia. La ciudad explotó en enorme jubilo y para celebrarla fue quemada una impresionante colección de fuegos artificiales en la laguna. Tres años más tarde (1574) Venecia repitió espectáculo, con ocasión de la visita a la ciudad de Enrique III de Valois.
En la “Commedia dell’Arte”, que se desarrolla entre el “cinquecento” y el “settecento”, se usaron mucho los fuegos artificiales para montajes escénicos y tracas de final de espectáculo. Los más comunes eran los “tricchitrache” (pequeños petardos luminosos que esplotaban en secuencia) y los “folgoretti” (cohetes silvadores). Napoles lidera este tipo de representaciones y espectáculos, que arrinconan los antiguos dramas religiosos.

Un espectáculo pirotecnia de la cultura italiana era la “Naumachia”, que aparece a finales del siglo XVI. Se trataba de un simulacro de batalla naval, desarrollado en un espacio urbano acondicionado y lleno de agua. En papel de los fuegos artificiales era fundamental. De un lado, la simulación bélica: cañones que disparaban , rayos lanzados en sucesión como disparos de fusilería, incendios y explosiones. De otro, la cohetería final, como de expresión de jubilo por la victoria obtenida. La “Naumachia” más recordada tuvo lugar en Florencia, el 11 de Mayo de 1589, en el patio de Palacio Pitti, con ocasión del matrimonio de Fernandino I y Cristina de Lorena. En 1656, Nápoles sufrió una terrible epidemia de peste. Se calcula que las vistimas fueron alrededor de 250 mil, sobre una población total de 450 mil habitantes. Parece que esta desgracia debiera hacer olvidar las fiestas durante mucho tiempo. No fue así. Al año siguiente, el vicerrey Garcia de Avellaneda quiso celebrar la fiesta de “Piedigrotta” con un acontecimiento especial: fuegos disparados desde embarcaciones simulando un combate naval.