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Museopirotecnia.com es un grupo de gente que tiene la iniciativa de estudiar, catalogar y difundir la cultura del fuego. Entendiendola como aquellas expresiones donde la pólvora es el eje central de las manifestaciones populares con caracter festivo. El trabajo que estamos presentando, intentamos que sea lo más serio y respetuoso posible. Matizando la secuencia de acontecimientos a lo largo de la historia. La casa pirotecnica principal que desarrollaremos será la valenciana, debido a que todos los miembros están relacionados con la misma.
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El Casco de la cordà

Martes, 05 de Julio de 2011 10:05

 

Hoy en día es incomprensible acudir a una cordà, o más generalmente coetà, sin unas medidas de seguridad personales tales como botas de caña alta. Guantes generalmente de cuero, para aislar las manos del fuego. Un mono en cierta medida ignifugo de algodón tratado químicamente o piel. Además de una protección para la cabeza, pudiendo ser desde un casco metálico con rejilla, un casco de moto o una protección más simple compuesta de telas de algodón. Pero este hecho no siempre fue así.


Estas medidas de seguridad se empezaron a usar a partir del primer tercio del siglo XX, anteriormente no era habitual su uso. Ya que el material pirotécnico usado en la cordà era tan escaso, en comparación con lo que se usa hoy en día, que no requería de una seguridad extraordinaria.


En este artículo intentaré exponer un recorrido sobre los orígenes del uso del casco o protección facial en la cordà. Desvelando algunas de las incógnitas que sobre él suscitan muchos festeros.

La coetà, las guerras de carretidas, buscapies, toros de fuego y la cordà del siglo XIX y anteriores, se caracterizaron por ser eventos de participación. Estaban financiados por las clavarías de los pueblos, o por los mismos festeros. Lo cual implica que el aporte económico era bastante limitado. Con ello se deduce que los cohetes que se compraban al coeter no eran grandes cantidades, sino que más bien unas pocas docenas.


En algunas poblaciones esta cantidad eran concretamente siempre las mismas, en algunos casos 12 docenas  (o más comúnmente denominada “una grossa”), 20 docenas, 50 docenas, etc. Generalmente en función de la cantidad de clavarios.


Mientras que la financiación corría a cargo de los clavarios, el resto de festeros también hacían acopio de cohetes, pero en cantidades muy bajas.


En la cordà podía participar todo el mundo, no había limitaciones ni regulaciones, adultos, ancianos, mujeres y hasta niños. Y se veía como un acto de presencia, de carácter y de madurez. Una forma de demostrase los unos a los otros que eran adultos y que formaban parte de la sociedad del pueblo, ya que participaban en la misma.


La indumentaria que se llevaba era muy simple, la misma ropa que se había llevado durante el resto del día: apargatas o espardeñas, pantalón, camisa y boina, sombrero de paja o simplemente nada en la cabeza.


Cualquier uso de indumentaria que se saliese de lo normal, lógicamente era tomado a mofa, es aquí cuando tímidamente aparecen casos esporádicos e inusuales de protecciones faciales, que sin lugar a dudas fueron los precedentes de los actuales cascos de la cordà.


Y aquellos cascos que solo unos pocos se ponían, ¿por qué se usaban? Y ¿quienes los fabricaban?


Desde luego que su uso era evidente, mientras que a la cordà se debía de asistir con todo el carácter del mundo, cabía la posibilidad de que hubiese participantes que o bien les gustase los cohetes y tuviesen miedo a quemarse, por ello la protección facial. O simplemente no le gustase pero quisieran demostrar su hombría.


Sobre quien los fabricaba, aquí es donde aparece la incógnita a resolver, ya que no había una manufactura dedicada a ello.


En este punto muerto solo se nos ha ocurrido una solución, ¿en qué otras áreas o disciplinas se hace uso de cascos de protección facial y que sean similares a los cascos antiguos de cordà que han llegado a nuestros días?


Tras buscar y buscar, la solución era muy sencilla: el arte de la esgrima, seguro que muchos de vosotros estaréis arqueando las cejas en forma de exclamación.


De la esgrima antigua nos ha llegado muy poca información hasta hoy en día, sabemos que es una disciplina deportiva que se practica a nivel olímpico y que nos suscita mucha curiosidad. Pero sin embargo desconocemos que este arte era obligatorio para todos los soldados de los cuarteles militares, digamos de cuarteles de artilleros como el de Paterna, carteles de caballería como el de Valencia o Bétera. En todos ellos los soldados tenían que conocer el arte de la esgrima, ya que su arma personal principal era el sable.


En la esgrima se practicaba con una protección facial metálica, resguardando el resto de la cabeza con una telilla. Actualmente se emplean fibras y materiales ligeros.

Perfectamente un operario de dichos cuarteles militares fuese quien usase uno de dichos cascos de esgrima y lo reutilizase en la festiva cordà popular. Bien como parte de la fiesta, bien como protección por los motivos anteriormente comentados.

Careta de esgrima del siglo XIX mascara de esgrima

Estos cascos de uso esporádico poco a poco se fueron incorporando a la cotidianeidad festiva, aunque su uso siempre va de la mano de festeros con poder adquisitivo. Ya que tanto su fabricación, como su compra no estaba al alcance de todos.

casco usado en la cordà en el siglo XIX casco usado en la cordà de Bocairent, siglo XIX

Tras el primer tercio del siglo XX, muchos productos se comercian enlatados: galletas, carne, pescado, aceite, etc. Dichas latas estaban hechas de un material llamado latón, el cual es muy maleable. Por lo que los herreros solían recuperar el latón para su reutilización y posterior comercialización.


Es en estos momentos, por encargo, se les pide a dichos herreros que se confeccione a medida cascos para la cordà en la población de Paterna. Teniendo en cuenta que hablamos de una época de grandes carencias económicas, es muy lógico suponer que quienes los pedían eran gente con cierto poder adquisitivo. Ya que las masas humildes seguían participando al igual que antaño.

Lata de colacao reutizada para otros fines    Lata de galletas, reutizada para otros fines 

Lógicamente las clavarías, en esta época, estaban formadas por la burguesía falangista dominante de la población. Y con ello se desprende su interés en demostrar en cualquier momento quien tiene el poder. En el caso de la cordà, evidentemente adquiriendo mayores cantidades de cohetes y lo más enigmático no querer usarlos de forma habitual sino que quemando sacos completos. Este hecho fuerza a que la cordà fuese en detrimento respecto a la coetà, y que las medidas de seguridad particulares de los participantes se incrementasen, así como la consolidación del casco de cordà.

cascos de cordà actuales

En el último cuarto de siglo XX, el casco se mejora y tecnifica más orientado exclusivamente para la cordà, rejillas especiales, refuerzos, dimensiones, cambio de uso del latón por acero o aluminio,  un sinfín de detalles que facilitan al festero “trabajar” en la cordà.


Mientras que antaño su fabricación era manufactura particular del herrero de la vila, hoy en día existen fabricantes dedicados casi exclusivamente a su fabricación y exportación.


Hoy en día hablar de la cordà, o más concretamente de coetà, tal y como hoy lo conocemos, no tendría sentido sin el uso del casco. Éste hecho no quita carácter al festero, sino que lo acostumbra a participar en un evento peligroso sin sufrir riesgos.  

La cordà

Lunes, 08 de Agosto de 2011 10:40

En el presente artículo desarrollaré uno de los temas más complejos y polémicos del ámbito actual de las festividades valencianas populares pirotécnicas, se trata como no de la cordà.

Este evento pirotécnico suscita toda clase de pasiones y desamores, al igual que en la obra “Romeo y Julieta”, donde la tensa relación entre los Montesco y los Capuleto acaba en tragedia.

 

 

El sentimiento de pueblo

Cuando un festero habla de la cordà, a la cual asiste todos los años, le sobran las palabras de amor por su fuego más querido. Se apasiona, ensalza su ego y se siente de su tierra. Sin embargo cuando encontramos a un vecino que no acoge esta tradición, el temor se palpa en su rostro, solo habla de penurias, de desastres, de locura y de destrucción. ¿Cómo es posible que un evento pirotécnico tenga tanta fuerza como para condicionar la forma de ser y la conducta de las personas que lo viven? Nunca una palabra pudiese suscitar tanta pasión, y tanto miedo.

 

 

La cultura popular vivida por nuestros antepasados no está escrita en ningún documento, es algo que se hereda de generación en generación. Un hecho aprobado por el pueblo y que forma parte de su idiosincrasia. Cuando la sociedad o el carácter rural cogen el camino de la extinción, con ésta mueren todas las costumbres, rituales y tradiciones que dan sentido a la forma de ser de la localidad.

 

Se dan casos en los que habiéndose consumido la idiosincrasia rural de la población, algunas de sus tradiciones perduran, suscitando nostalgia del pasado, de lo que ya no se tiene. Es en este caso cuando la gente de los pueblos se junta y refuerzan sus lazos de amistad. Durante ese tiempo se sienten parte del pueblo, son el pueblo, al igual que lo fueron sus padres y sus abuelos.

 

Qué es la cordà

A lo largo de los años la cordà se ha teñido de un significado distinto según la época que le ha tocado vivir.  Ya que como indicamos arriba, la cordà forma parte de la idiosincrasia del pueblo. Con lo cual cuando éste cambia, lógicamente también cambia ésta.

Desde un punto de vista profano a las tradiciones populares, la cordà en un evento en el que los participantes encienden cohetes borrachos y los dejan correr o volar. Intentando dejar la calle o plaza siempre con fuego.  Para los entendidos, es mucho más que eso. Es un evento de convivencia, de disfrute, de ritualidad, es lo que los caracteriza como pueblo.

 

Para poder establecer el significado de la misma es necesario situarnos en la perspectiva social de cualquier población rural agraria anterior a los flujos emigratorios de la década de los setenta del pasado siglo.

Los jóvenes se emancipaban después de haber ido al servicio militar, generalmente contrayendo matrimonio y teniendo descendencia muy pronto. La vida laboral empezaba a una edad muy temprana, ocho o nueve años de edad. Y finalizaba prácticamente cuando se fallecía. No existía la jubilación, ni las pensiones, ni la seguridad social.

La economía dependía directa o indirectamente del campo, de las cosechas, del tiempo, de que lloviese y no tronase o cayese granizo. Las enfermedades tales como un simple resfriado eran suficientes para matar a cualquier persona. De hay se deriva que la sociedad viviese bajo un manto de supersticiones. Además de que la religión católica fuese omnipresente controlando implícitamente la moralidad y conducta del pueblo.

Las diferencias sociales entre la burguesía y el campesinado eran abismales, mientras que los primeros vivían en un entorno barroco o neoclásico, el cual costaba mucho de mantener. Los campesinos, prácticamente vivían de lo que les daba la tierra.

 

Existía una jerarquía social muy rigurosa y una serie de rituales por lo que toda la población tenía que pasar, a los que llamaremos ritos de paso. Uno de estos, muy importante en estas sociedades, era el momento en el que el joven pasaba a ser adulto.

 

Pongamos un ejemplo, hay pueblos del interior donde los jóvenes que ese año iban a realizar el servicio militar realizaban un acto popular que habían hecho sus hermanos, padres, abuelos y demás generaciones. El simple hecho de estar presente y participar en este evento, era una demostración de madurez ante el pueblo entero. Siendo considerado, a partir de ese momento, como un hombre ya no como un niño.

 

En la cordà, esta demostración de madurez, consistía en estar debajo del carro de la cordà, cazar los cohetes y ofrecérselos a sus padres o abuelos. Para que éstos viesen que ya era un hombre.  Ofrecérselos al padre de su amada, para que viese que era un buen partido para su hija. Ofrecérselos a una persona respetada para demostrarle amistad y categoría.

Mientras que el resto de participantes asistía a dicho bautismo del fuego, también eran partícipes de la fiesta, cazando cohetes, ofreciéndoselos y posteriormente dejándolos correr para que de forma libre llegasen al final de su vida.

 

La cordà era una fiesta para todos aquellos que amasen la pólvora, que solían ser casi todos los vecinos. Es más, podríamos decir que esta tradición era una de las pocas cosas que habían perdurado, tras todos los intentos de finiquitar el sentimiento nacionalista valenciano por parte de las ordenanzas borbónicas. Era algo que se había transmitido desde muchas generaciones, por lo que el respeto a la misma era muy grande.

 

La década de los años 60 y 70 son el inicio del fin de un modo de entender la cordà natural. El nuevo reemplazo de festeros se ha criado bajo la tutela de los clavarios afines al régimen dictatorial.

La cordà deja de ser un evento donde se consumen algunas pocas docenas de cohetes, por el consumo de centenares de ellas y en incremento exponencial. Este fenómeno que en principio proporciona espectáculo, también implica un alto incremento de riesgo y peligrosidad.

 

El inicio de la democracia y el descontrol en los espectáculos pirotécnicos propician a que se inicie un proceso de regulación para evitar los constantes accidentes pirotécnicos relacionados o no con la cordà, que se produjeron a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX.

El inicio del siglo XXI lleva consigo a una sociedad sedienta de espectáculos que le entretengan y festeros que han domado la cordà a su gusto, transformándola en arte efímero para consumo de participantes y de espectadores.

 

 

En la actualidad la inundación de fuego es el concepto principal de este evento, donde un oleaje de fuego debe recorrer el recinto perimetrado y adaptado para tal fin. Cohetes de calibre grande (nº 10 y 12) con capacidad de llenar de chispas grandes zonas, femelletas con la finalidad de llenar amplias zonas aéreas de fuego, y un sin fin de cohetes de menor calibre para mantener un fuego constante. En fin todo un reto que año tras año los festeros ponen especial dedicación. Toda una obra de arte efímero.

Lo importante a tener en cuenta es que la pasión por la pólvora, ya sea actualmente con la cordà de inundación o la cordà de antaño o de ofrendas, es prácticamente la misma. El sentimiento de pueblo es común. Solo cambia la técnica, la metodología, ya que la esencia es la misma.

En muchas poblaciones donde aún se realiza cordà, los ritos de paso prácticamente han desaparecido. Sin embargo sigue habiendo jóvenes que entran en la cordà para sentirse adultos.