Consisteix la tronada en fer entorn de la plassa un gran reguer, ó regatera com allí diuhen, de pólvora, colocant de tant en tant un de dits mascles, alternant amb trons petits fets de pirotécnich, y al cap de vall, la regatera pren la forma de estrella, en cada una de las puntas de la qual hi ha un mascle, així com en lo centro se destaca un de més gros de tots…
ANTONI DE BOFARULL, 1880

La tronada es una manifestación pirotécnica de la ciudad de Reus (Tarragona), que ha dado pie a uno de los actos más característicos de la Fiesta Mayor de Sant Pedro (29 de Junio) y un verdadero signo de identidad local. Se trata, pues, de una muestra de indudable interés patrimonial por haber conservado su forma de preparación y montaje a los largo del tiempo.
Está presente desde antiguo en las fiestas reusenque, Sus orígenes pueden proceder de la costumbre bastante habitual de utilizar los tiros de escopetas o fusiles, como forma de solemnizar determinados momentos de la fiesta.
Actualmente consiste en un reguero de pólvora en el suelo de una calle o plaza, sobre el cual se disponen unos mascles o morteros, piezas de hierro llenos de pólvora y arena. La forma exterior de los mascles es cilíndrica y troncocónica. La cavidad interior es cilíndrica, abierta por la parte superior. En la base hay un agujero, de dimensiones reducidas, que comunica con el exterior.
Los hay de centros de rueda de carro, con una base soldada para cerrarlos por un extremo. Eventualmente, se fabrican nuevos morteros o se renueva el conjunto.
Actualmente, la tronada ocupa el centro de la plaça del Mercadal. Se colocan los mascles o morteros y se traza la regata de pólvora, formando un cuadrado. Con un dibujo propio del pirotécico. (Rosa de Reus, la inscripción de San Pere, etc) seguidamente se colocan truenos de papel en lo largo de la regata de pólvora.

El disparo del mismo puede verse en el video, todo un gozo de los sentidos de la melodía de la pólvora.
El disparo de morteretes en engraellat o mascletà en engraellat fue el disparo común y generalizado en los pueblos valencianos hasta principios del siglo XX, momento en el que al modernizarse el sector pirotécnico , se introducen nuevas técnicas en decrimento de las anteriores, en este caso de la engraellat.La recuperación de este disparo vino de la mano de la asociación cultural de la amigos de la pólvora, y siendo el artifice de la misma Juan Garcia Estelles. Desde el año 2002, momento en que se recupera este tipo de disparo, la falla Almirante Cadarso - Conde Altea lo ha mantenido como evento de su calendario festivo.En principio se realizaba el día 17 de Marzo, semana fallera. Posteriormente pasó al día de la Virgen de los Desamparados, patrona de la ciudad. Y finalmente ha pasado a la celebración del Corpus Crhisti.Los morteretes disparados, llamados tracas o canterellas, se cargan en la pirotécnia de forma artesanal con pólvora negra, tacandolos con arena prensada. Al pie de la base de las tracas hay un orificio por el que dale el estopín o mecha que dará fuego a la traca.Las canterellas se clavan en el suelo, detalle único y exclusivo de los morteretes valencianos. (los reusenses e italianos son de base plana) Este hecho es debido al origen de dichas tracas al parque de la ciudadela, posteriormente se hicieron réplicas de las mismas.Se conectan las tracas con un estopín fabricado exclusivamente para dicho fin, ya que es necesario que tenga una velocidad de combustión concreta.En el disparo que Juan Garcia realiza actualmente combina distintas técnicas, se inicia con el disparo manual de las tracas. Seguido de un tramo estopinado que conjuga las distancias con los calibres, otorgando al evento una sonoridad especial. Se puede apreciar perfectamente la "melodia" del tró.Segidamente se da fuego a un "llamp de traca", el cual consiste en un lienzo pintado que hace alegosía al santo patrón del evento. El lienzo inicialmente se encuentra enrollado, cuando se enciende, se despliega y se acompaña de fuegos de luminarias o fuentes de chorros de fuego.Dandose finalmente fuego a un entramado de tracas de clavadas y de base plana de diferentes calibres, haciendose un símil al terremoto de una mascletà actual.




El hombre no se ha limitado a encender el fuego y contemplar asombrado las llamas. En su afán de demiurgo, ha querido dominar el fuego, convertirlo en un objeto dúctil, como el oro o el cobre. Para esto necesitaba una materia prima que le permitiera desarrollar el fuego y encaminarlo según su voluntad. Si en la antigüedad no había podido realizar este sueño es sencillamente porque el hombre no había conocido el «germen» del fuego. Éste seria la combinación de materias que originan la pólvora.
La pólvora, además de dar facilidades bélicas, permitía realizar el viejo sueño: era la simiente del fuego que durante milenios el hombre había buscado inútilmente. A partir de ella, estaba en condiciones de emprender la jardinería ígnea más rococó que jamás se pudo imaginar.
La decadencia del imperio romano supuso la desaparición de los juegos ígneos o, al menos la carencia de información sobre ellos. En el 768 d.C. Calhinico refiere haber utilizado el “fuego griego” y cita que estaba compuesto por una mezcla de aceites grasos minerales, aceite de nafta, resina, salitre y otras sustancias minerales pulverizadas.


La Fiesta de la Patum de Berga es una celebración tradicional que se realiza durante las fiestas del Corpus Christi en la localidad barcelonesa de Berga. Ha sido declarada por la Unesco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el día 25 de noviembre del año 2005 e inscrita en 2008 en su lista representativa[1] y por ello elegida automáticamente como Tesoro del Patrimonio Cultural Inmaterial de España junto al Misterio de Elche. Anteriormente, en el año 1983 fue declarada por la Generalidad de Cataluña fiesta tradicional de Interés Nacional. La Patum fue fundada a finales del siglo XIV como una fiesta de carácter esencialmente popular y se encuentra documentada desde el año 1525.
La celebración consiste en diversas representaciones de figuras místicas y simbólicas, que bailan al ritmo de la música y los tambores. Los bailes se caracterizan por su solemnidad, así como por la utilización de fuego y artefactos pirotécnicos.
El miércoles anterior al jueves de Corpus, el tabal (pregonero de la fiesta) y los gigantes recorren la ciudad anunciando el comienzo de las fiestas. Más tarde comienza el drama mímico, dividido en varios actos, que representan las intensas luchas de los cristianos contra los moros; al arcángel San Miguel que, ayudado por ángeles, lucha contra Lucifer y sus diablos; o las burlas contra el caudillo árabe Abul-Afer o Bullafer,[nota 1] conquistador de la zona. En cambio, el acto del águila expresa la satisfacción de Berga por haber acabado con el dominio feudal y pasar a depender directa y exclusivamente del rey.
Las fiestas tienen lugar desde el miércoles de Corpus hasta el siguiente domingo. Al día siguiente del propio Corpus se realiza una Patum infantil, en una versión adaptada para niños.
La comparsería de la Patum, aún habiendo sufrido una importante superposición de significados a lo largo de su historia, conserva reminiscencias de prácticas precristianas, en los rituales de vegetación y de regeneración genésica que sustentan el ciclo de mayo, prácticas que la Iglesia Católica asimiló, readaptó e integró parte de este ceremonial primigenio, convirtiéndolo en un vehículo de cristianización.[2]
Los orígenes de la Patum deben buscarse en la celebración de Corpus Christi, fiesta nacida en el siglo XIII y universalizada en 1316 por el papa Juan XXII. En la ciudad de Berga la referencia documental más antigua conservada de la festividad del Corpus y su procesión corresponde al 20 de mayo de 1454.[3]
Desde sus inicios, la procesión de Corpus empezó a integrar una serie de escenificaciones, que con el paso del tiempo se llamaron entremeses, que tenían como objetivos principales la educación y la moralización de los que observaban el séquito. Muchas veces, estas escenificaciones eran simples cristianizaciones de elementos paganos preexistentes, los cuales, fueron readaptados y acabaron representando diferentes pasajes de las sagradas escrituras, adquiriendo su carácter procesional definitivo.
Estos entremeses, con el paso de los años, fueron obteniendo entidad propia y ganando adeptos entre el pueblo, más por su vertiente lúdica que por su carácter aleccionador, quedando sólo las partes más festivas. Éstas muestras festivas protagonizadas por los mismos entremeses que tomaban parte en la procesión derivaron posteriormente en la "Bulla o bullicio del Santísimo Sacramento", precedente de la actual Patum.[4] Así tras la procesión de Corpus, se realizaban dos actos claramente diferenciados: la Procesión propiamente dicha, venerando el Santísimo Sacramento y la Iglesia Católica, y la Bulla, con un carácter puramente civil y laico y destinada a honrar y homenajear a las autoridades civiles.
La fecha de celebración es variable por el hecho de coincidir con la festividad del Corpus Christi. Por lo que la Patum se celebra entre finales del mes de mayo y finales del mes de junio. Los actos centrales de la fiesta tienen lugar durante la semana del Corpus, de miércoles a domingo. Hay, sin embargo, unos actos preliminares, de anuncio de las fiestas, que se hacen las semanas anteriores a la festividad del Corpus y que se han mantenido. El primero de estas actos preliminares tiene lugar tres domingos antes de Corpus: el Domingo de la Ascensión.[nota 2] el Segundo, el domingo inmediatamente anterior: el Domingo de la Santísima Trinidad.

Origen de datos: wikipedia
No es hasta el siglo IX, de nuestra era, cuando se descubre la composición de la pólvora en China. El descubrimiento de la pólvora se debe a la alquimia. Tuvo su origen en la magia taoísta, guiada por la esperanza de alcanzar la longevidad o la inmortalidad material. Descubrimos sus comienzos en China hacia el final de los Thang, cuando hallamos la primera referencia a la mezcla de carbón vegetal, salitre (nitrato de potasio) y sulfuro.
La droga del fuego, que es el nombre más característico que se le da a las mezclas de pólvora, aparece como detonador en un lanzallamas en el año 919.
En el Libro Wu ching tsung yao del año 1044 se encuentra la fórmula más antigua de la pólvora que no se conoce en ninguna otra civilización. Fecha muy anterior a la más antigua referencia europea de una composición de pólvora, que data de 1327.

En Europa se habla de un monje alemán, Berthold Schwarz, como descubridor de la pólvora en el siglo XIII, pero es incierta incluso la existencia del personaje. Se es cierta, en cambio, la del inglés Roger Bacon, que dejó escrita la fórmula y especuló sobre su uso militar:

Referencia por Roger Bacon, la Epistola de secretis operibus Artis et Naturae, et de nullitate Magiae (ca. 1250):
Accipiatur igitur de ossibus Adae, et de calce sub eodem pondere; et sint sex ad lapidem Tagi, et quinque ad lapidem unionis; et terantur simul cum aqua vitae, cujus proprium est dissolvere omnes res alias, ita quod in ea dissolvantur et assentur. Et iteretur multotiens contrition et assatio, donecin cerentur; hoc est ut uniantur partes, sicut in cera. Et signum incerationis est, quod medicina liquescit super ferrum valde ignitum; deinde ponatur in eadem aqua in loco calido et humido, aut supendatur in vapore aquarum valde calidarum; deinde dissolvantur, et congelentur ad solem. Dein accipies sal petrae, et argentums vivum convertes in plumbum, et iterum plumbum eo lavabis et mundificabis, ut sit proxima argento, et tunc operare ut prius. Item pondus totum sit 30. Sed tamen sal petrae LURU VOPO VIR CAN VTRIET sulphuris; et sic facies tonitruum et coruscationem, si sias artificium (Cap. XI)
¿Se trató de un invento propio o fue transmitida desde Oriente?
Esta última teoría aparece como más probable. Parece que fueron los árabes, extendidos ya por el índico y sureste de Asia, quienes introdujeron el conocimiento de la pólvora en Occidente desde Oriente. Al nitrato le llamaron “nieve de la China” y daban ya la fórmula clásica de la mezcla: 10 dramnas de nitrato potásico, uno y medio dramnas de azufre y dos dramnas de carbón. Muy cercano, por tanto, a la usada hoy: 74 % de nitrato potásico, 15 % de carbón y 11 % de azufre.

En una obra de Nedjen Eddin Hassan Alzammah, escrita a fines del siglo XIII, se encuentran variadas fórmulas para producir efectos pirotécnicos con base en la pólvora. Describe, por ejemplo, el efecto “luz de luna” (salitre, 10; azufre, 2.5, arsénico, 2; blanco de albayelde, 0.5) o los “volantes”, las “estrellas” y las “ruedas”.
Fue también a comienzos del siglo XI cuando nació un nuevo tipo de flecha incendiaria, el cohete (una caña de bambú rellena de una composición de nitrato común y atada a una flecha).
La invención de la pólvora dio un gran impulso a la pirotecnia en sus dos ramas, la civil y la militar.
Son, pues, los árabes quienes recogen la tradición china y la introducen por el mediterráneo. Introduciéndose estos conocimientos y usos en la península Ibérica, y extendiéndose desde aquí al resto de Europa.
La alquimia china se abrió paso hacia Occidente a través del mundo árabe. El desarrollo posterior de la química realizado por la cultura islámica dio un gran impulso a la pirotecnia.
Fueron los moriscos quienes mantuvieron la tradición árabe de los fuegos de artificio en la Península «La profesión de artificiero también parece que fue muy típica de moriscos [..]. Cabezudo Astrain pudo observar la dedicación de bastantes moros aragoneses a la fabricación de la pólvora. En un famoso proceso de la Inquisición contra los moriscos de Aragón, en 1574, a causa de los regocijos que éstos hicieron para celebrar la pérdida de la plaza de la Goleta por las tropas españolas. Consta que los moros de Villafeliche, Sestrica y Morés tenían molinos de pólvora, la cual era vendida en Valencia. Compraban el salitre en Zaragoza y también fabricaban arcabuces. En Calatayud y en Ricla tenían almacenada pólvora en barriles. Por supuesto, entre los festejos de algunas aldeas se citan los bailes y hogueras y fuegos de polvorista.
En las crónicas de los reyes de Aragón y condes de Barcelona se encuentran abundantes descripciones de los fuegos artificiales. Las ordenanzas de «els Consellers de les Ciutats» de aquel tiempo están llenos de referencias a cohetes y juegos de pólvora. Frecuentemente para prevenir y evitar abusos y peligros en su uso y elaboración era necesario mandar disposiciones corno las de 1412 y 1469 del Consejo de la ciudad de Valencia:
«Nuil hom no gos lançar corredors ab polvora e foch per les carreres don sorten perills, per experiencia de cremament dalberchs [...].
»Ara oiats queus fan saber de part del magnifich Justicia e Consell de la ciutat de Valencia, que per quant experiencia ha mostrat que les cases en les quals polvora, coets e tronadors se fan e se tenen, stan a gran perill de pendres foch en aquelles [...] sots pena de treents solidos e perdre la polvora, coets e tronadors [.,.].»
Aragoneses, catalanes y valencianos llevaron a otros países el gusto por estas fiestas, encontrando en Italia excelente acogida y gran entusiasmo.

Pero principalmente, la primera etapa de la pirotecnia es de un uso bélico. Estando ligada estrechamente a los progresos técnicos de las armas. En el año 1310 aparecen las primeras “bocas de fuego”, cañones rudimentarios que proyectaban grandes bolas de piedras y de metal. La artillería, como concepto, nace de la batalla de Crécy, en 1346, con tres bombardas que ocupaban un flanco del ejercito de Eduardo III de Inglaterra y que contribuyeron de manera decisiva a la derrota de las tropas francesas de Felipe VI de Valois. Se abre un campo de investigación para mejorar la calidad de los explosivos, que repercute en el progreso de la pirotecnia.


Existen diversos textos que determinan el uso de pólvora para uso bélico por los musulmanes en el siglo XIV Naturae et de Nullitate Magiae”, probablemente tomado de un texto árabe.
“..la acometió con manganeles y con un gran aparato que utilizaba pólvora y arrojaba una bomba de hierro incandescente contra la torre del castillo. Partió lanzando chispas, cayó sobre los sitiados, causando tantos daños como el rayo del cielo y el terror se apoderó del corazón de los cristianos que se sometieron a sus deseos.”

Descripción de Ibn al Jatib del ataque a Huesca por el sultán de Granada, el 14 de julio de 1324
“Los moros tiraban muchas pellas de fierro que las lanzaban con truenos, de que los cristianos habían
muy grande espanto, ca en cualquier miembro de ome que diese levábalo a cercén como si se lo cortasen con un cuchiello; e quiera que ome fuese ferido della, luego era muerto, e non avía cerugía ninguna que le pudiese aprovechar; lo uno porque venía ardiendo como fuego, e lo otro porque los polvos con que le lanzaban eran de tal natura que cualquier llaga que ficieses, luego era el ome muerto”
Adaptación acastellano moderno
..tiraban [los árabes] muchas pellas [bolas] de hierro que las lanzaban con truenos, de los que los cristianos sentían un gran espanto, ya que cualquier miembro del hombre que fuese alcanzado, era cercenado como si lo cortasen con un cuchillo; y como quisiera que el hombre cayera herido moría después, pues no había cirugía alguna que lo pudiera curar, por un lado porque venían [las pellas] ardiendo como fuego, y por otro, porque los polvos con que las lanzaban eran de tal naturaleza que cualquier llaga que hicieran suponía la muerte del hombre.
Sitio de Algeciras, en 1343 Crónica del rey don Alfonso XI
Explosión en los molinos de pólvora de Triana el 18 de mayo de 1579
“Estuvieron las casas donde esta pólvora se hace dentro de la misma Triana, por la vanda del Guadalquivir, casi frente a la Torre del Oro, hasta el dicho día, mes y año, cuando se emprendió de fuego toda la pólvora que en ellas había, y volándolas con más de otros treinta pares de casas en su acera, y alrededor, se vido estremecer, y sacudirse toda Sevilla, aun con estar el río Guadalquivir en el intermedio. Como yo soy buen testigo, que estando comiendo a mediodía en la Collación de San Bartolomé sentí que tembló toda la casa, y se me hinchó de tierra toda la mesa”
Alonso de Morgado

Es curioso constatar como los espectáculos pirotécnicos de los siglos XV y XVI tendían a representar grandes batallas, reproduciendo las explosiones de la artillería y los incendios de los combates.
El toro de fuego es un armazón metálico, que imita la forma de un toro, sobre cuyo espinazo se coloca un bastidor con elementos pirotécnicos. Muy utilizado en festejos de pueblos de España.
Es transportado por una persona, que tras encender una mecha, corre persiguiendo a la gente asustándoles con las chispas que van soltando sus diferentes elementos.
El bastidor suele contar con los siguientes elementos pirotécnicos:
Si establecemos las poblaciones donde se realiza este tipo de evento pirotécnico nos damos cuenta del detalle que son aquellas a las que supuestamente no tienen tradiciones relacionadas con el uso de la pólvora festiva popular o folklórica. Provincias tales como Albacete, Teruel, Zaragoza, Huesta, Madrid, Zamora, Salamanca, Valladolid, Almería, Murcia, Caceres, etc.

Siempre caemos en la tentación de establecer una barrera divisoria en España sobre el uso de a pólvora festiva. Estableciendo la Comunidad Valenciana, Cataluña y las Isla Baleares como los principales consumidores de cohetería popular: correfocs, dimonis, cosdaes, coetaes y passejaes. Llegando a decir que solo en estas provincias existe y ha existido su consumo. Cosa con no es del todo cierto.
En el siguiente artículo veremos como el uso de la cohetería fue común, como la fiesta de los toros, en toda la península ibérica. Un ejemplo de ello lo podemos ver en las celebraciones barrocas del Corpus Christi Salmantino:
Descripción de los carros procesionales y posteriores celebraciones del día:
…Encima de uno de estos animales míticos se colocaría la figura de un diablo. En la composición habría otros dos dragones pequeños en la parte superior; dos bolas de infierno y todas las cabezas que fuesen menester para adorno del monte. Igualmente se haría un gigante, de diez pies de alto - 2.8 metros- que menease un pie, los dos brazos y sacase la lengua, para andar por las calles durante la procesión.
El día de los toros se colocaría en medio de la Plaza Mayor y de él saldría cohetes y truenos. Además, confeccionaría una manta para echarla encima de un toro con sus cuernos encendidos. La manta estaría llena de cohetes, conforme se había hecho otras veces en la ciudad.
La cohetería que acompañaría a las figuras se compondría de 60 "xirándulas" de dos docenas de cohetes cada una, 60 ruedas de cinco cohetes, un trueno de 600 salidas de a seis cohetes cada una; 500 traques de algodón, 50 bombas chisperas, 200 cohetes de lana escotos, 100 carretillas, 100 hembrillas, 4000 cohetes ordinarios, 12 cohetes de cuerda y una cuerda de cohetes. El precio de toda la composición ascendería 3300 reales….
Si buscásemos las descripciones de las celebraciones barrocas de cualquier otra provincia, quizás fuesen muy similares. Lo que implica que el uso de la cohetería era tan común como la fiesta de los toros. Fuese cual fuese la provincia, y fuese del reino que fuese.
En el tema que nos interesa, el toro de fuego, vemos cómo al animal se le cuelgan mantas con cohetes, a lo que le podemos llamar “toro de fuego” o “toro con fuego”.
Como en cualquier sitio, financiar las fiestas siempre venía del aporte económico que los clavarios o cofrades de gremios pudiesen llevar a cabo a lo largo del año. En poblaciones pequeñas muchas veces no se podría comprar toros o vacas para los festejos, por su elevado coste. Pero sí en comprar algo de cohetería, más económico. O simplemente el clero regente llevaba a rajatabla la bula papal de Pio V “De Salute gregis Dominici”, donde se prohibía los festejos taurinos. Pero daba manga ancha a los festejos de cohetería. Fuese como fuere, nace el toro de fuego sin el animal físicamente.
Se construyeron tramoyas con forma de toro, las cuales fuesen arrastradas o portadas por un festero. A ésta se le colgaba la cohetería de la misma forma que se hiciera con el animal real.
El evento se iniciaba cuando se le daba fuego al artefacto taurino, y éste perseguiría a los festeros como si de un toro real se tratase. Desprendiendo correpies, salpicando chispas, etc, etc.
De esta forma tan simple y sencilla, se realizaban las fiestas taurinas en los pueblos más humildes. Naciendo el toro de fuego que ha perdurado hasta nuestros días.

Debió de tener una gran aceptación entre la sociedad castellana, ya que los propios colonizadores del nuevo mundo, América, exportaron dicha tradición. Y siguiéndose practicando hoy en día por algunas sociedades rurales colombianas y mexicanas.
La villa de Cangas del Narcea tiene una extensión de 2’1 km cuadrados y más de 9000 habitantes. Se halla situada en la parte norte del concejo, en un profundo valle donde confluyen los ríos Luiña y Narcea, a 376 m de altitud. Dista de la capital del Principado unos 100km.
Entre las fiestas tradicionales destaca la que se celebra la noche de San Pedro, entre el 28 y el 29 de junio: "La plantá del Arbolón", en la que los mozos del pueblo roban un "humeiro" (abedul) o chopu y lo colocan frente a la capilla de la Virgen del Carmen a primeras horas de la madrugada. El Arbolón debe superar la altura de la espadaña de la iglesia.
Pero la fiesta por excelencia se celebra en honor de la Virgen del Carmen (16 de julio). Está declarada de interés turístico regional y gira en torno a la Descarga.

El día 16 de julio se sube a mediodía la Virgen del Carmen desde su capilla, en el barrio de Entrambasaguas, hasta la basílica. A las ocho de la tarde, la procesión de la Virgen, en su regreso a la capilla, se detiene en la parte más alta del puente romano, momento en que más de doscientos miembros de la Sociedad de Artesanos comienzan a lanzar cientos de voladores a mano. Después de unos tres minutos se prenden las largas máquinas de voladores, situadas en el entorno del puente, que producen un estruendo ensordecedor que hace vibrar el suelo y el valle se cubre de una nube de humo, en un efecto sobrecogedor. Más de 60.000 voladores de todos los tamaños son lanzados al aire en un tiempo récord que no suele superar los siete minutos, en un espectáculo único que es reconocido por los mejores pirotécnicos.

Al abrigo de esta tradición del ruido y los fuegos artificiales, en los últimos años se han fundado más de veinte peñas de la pólvora que contribuyen a que Cangas del Narcea se convierta en un auténtico polvorín con el disparo de descargas de voladores y de fuegos artificiales.
Manifiesto de la Descarga de Constantino Prieto (Tino Chichapán) 1.966
"... Hombre o mujer, cualesquiera que sean tu linaje y condición, que presencias la Descarga. Cuando veas ese mozo que en mangas de camisa y con una mecha encendida en la mano se juega su integridad física y se muere de impaciencia porque lleva un año aguardando este momento. Cuando veas a ese elemento de la Banda municipal que ni siquiera se cambia de uniforme de músico, ni se quita la gorra porque hay que ganar todo el tiempo posible para soltar voladores. Cuando veas a ese hombre cuya humanidad es capaz de tumbar a un buey de un puñetazo, temblar como una hoja y morderse el bigote para sorberse las lagrimas. Cuando veas a todo un pueblo con un nudo en la garganta ponerse de pie, más aún, de puntillas, porque tira de él una fuerza irresistible. Cuando veas todo esto y mucho más, piensa...piensa que dentro de LA DESCARGA hay algo más que humo y pólvora, y explosiones y repique de campanas. Yo te lo diré: hay, que en ese momento, nosotros, los cangueses, con los ojos puestos en la Virgen del Carmen, vemos y hablamos con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestros hermanos, con nuestros amigos... ¡CON NUESTROS MUERTOS!..."

Evaristo Valle (La Prensa, núm 2.516, Gijón, 21 de julio de 1.929)
"... Fiesta del Carmen y de sol sevillano que prometía los mayores lujos para las tracas famosas de la tarde. ¡Oh, que grandeza! Hay que verse sobre el puente romano, al pie de la imagen venerada y en el fragor del entusiasmo para concebirlo y comprenderlo.
Bajo el cielo vibrante al estallido de doce mil voladores, un escalofrío corrió por todo mi cuerpo y me estremecí, entrelazándose mis pensamientos henchidos de poesía y heroísmo. Cada vecino, con máquinas especiales, por las faldas de los montes circundantes, esforzábase con la mecha para precipitar los disparos. Era toda una raza en plena actividad simbólica. Raza admirable que sólo mira a su propio corazón. Raza despreciadora de los tesoros americanos por serle los suyos suficientes para vivir dichosa con el vino asombroso de sus viñas. Era todo aquello junto, mil cacerías de jabalíes, cien batallas de Covadonga realizadas a la moderna, y, sobre todo, la tradición y la felicidad de un pueblo hidalgo...."
Extracto del programa de fiestas de 1.913
Día 15
"... CUANDO LA PENUMBRA VAYA CAYENDO, gruesos palenques anunciarán el principio de bonita verbena, en la que se quemarán varios fuegos artificiales, apareciendo iluminados, en forma de herradura, el Puente de Piedra, barrio de Ambas-Aguas y Paseo de los Nogales. La Banda de música, organillos y gaitas no se darán punto de reposo durante la velada..."
Día 16
"... A las 12, todos los romeros irán a comer a... sus respectivas casas y si alguno no tiene, irá a una fonda, por cuenta y riesgo de su bolsillo..."
"... A las cuatro de la tarde, regreso de la Virgen a la iglesia de Ambas-Aguas. Al hacer su entrada en el Templo se efectuará la MONUMENTAL DESCARGA de palenques, que este año será, si cabe, mayor que en años anteriores, pues, según rumores, la Sociedad de Artesanos gastará 2.000 pesetas en pólvora..."

Extracto del programa de fiestas de 1.947
Día 15
"... A las once de la noche se levantará nuevamente el telón para presentar ante el atónito espectador , que luego se convertirá en protagonista, el escenario delicioso y paradisíaco del Campo de los Nogales, en la margen izquierda del Narcea, cuyas límpidas aguas reflejarán la multicolor y maravillosa iluminación presidida por la original farola del Puente Romano, los fogonazos de los cohetes de todas clases que en magnífica y emocionante competencia lanzarán... las lluvias brillantes y plateadas de los morteros y las estupendas colecciones de fuegos de artificio, mientras que el aire se satura con la música de bandas y orquestas, las canciones y el jolgorio popular..."
Día 16
"... Y ahora llegamos al pináculo de lo inconcebible, cima de lo inimaginable y meta del estupor y del asombro de propios y extraños, es decir, que a las 8 de la tarde dará comienzo el regreso procesional de la Santina a su capilla de EntreAmbas-Aguas. Al llegar la Virgen al centro del Puente Romano, el agudo silbido del presidente de la Sociedad de Artesanos, será la señal con que ha de iniciarse algo superior al experimento de Bikini, al rayo cósmico y al ultranitroglicerinístico que en su día se invente, es decir, la Monumental y superatómica Descarga de Cohetes..."
Extracto del programa de fiestas de 1.998 y 1.999
Día 16
"... Es día grande y eso se nota en las mesas, así que a comer de todo lo que "haiga", que lo del régimen alimenticio se arregla después de los postres, tomando el café con sacarina. Luego una plácida siesta, hasta que la precisa máquina de relojería suiza del VOLADORÓN nos ponga en guardia sobre lo que ha de acontecer..."
"... llegada la Virgen al Puente Romano, es el gran momento. Viviremos seis minutos de éxtasis, seis minutos de devoción, seis minutos ingrávidos, seis minutos sublimes; viviremos
LA DESCARGA
La Sociedad de Artesanos, en unión con la Andolina y El Refuerzo, habrán cubierto el cielo con los miles de deseos de un pueblo en fiestas. Cuando todo termine, verán en muchos ojos asomar el brillo sutil de una lágrima. Son seis minutos comparables a.....; pero tampoco; todo aquello que se le ocurra, no nos engañemos, seguro que dura menos..."
Diario La Nueva España, 2011
Cangas del Narcea «descarga» al límite
Cuatrocientos lanzadores y sus respectivos apurridores incendiaron el cielo de la villa, con centenares de docenas de voladores, durante unos nueve minutos de frenesí y ruido ensordecedor
Cangas del Narcea, Ignacio PULIDO
El corazón de los cangueses se encogió ayer con la Descarga. Cuatrocientos lanzadores y sus respectivos apurridores incendiaron durante nueve minutos el cielo de Cangas del Narcea con miles de voladores. La jornada contó con la llegada masiva de miles de visitantes que enmudecieron ante el abrumador espectáculo pirotécnico.
Acceder a Cangas del Narcea se convirtió en una ardua tarea. A la altura del monasterio de Corias se formó una caravana de varios kilómetros que presagiaba que algo gordo se estaba cocinando. No era para menos. Miles de personas llegadas de todos los puntos de Asturias decidieron vivir de primera mano el día grande de las fiestas del Carmen animados porque en esta ocasión caía en sábado.
Las calles canguesas estaban atestadas y el calor se combatía entre sidra y sidra. Mientras, en el Prau del Molín, en Los Nogales y en El Fojo los miembros de la Sociedad de Artesanos trabajaban a destajo para colocar los miles de voladores que serían lanzados en la «descarga».
«Aquí contamos los voladores por centenares de docenas. Estamos cerca de lo que puede llegar a ser el límite», subrayó Antonio Ochoa, secretario de la sociedad. Un cielo plomizo amenazó durante toda la tarde a la villa. Sin embargo, por suerte, no llegó a caer ni una sola gota.
Poco a poco, los tiradores se fueron colocando en sus respectivos puestos. Paralelamente, la peña del Voladorón lanzaba periódicamente tres «barrenos» para anunciar que el momento culmen estaba próximo. A las siete de la tarde, la basílica de Santa María Magdalena acogió una misa solemne en honor de la patrona, cuya imagen inició finalizada la liturgia su camino en procesión hacia el «puente romano» de Entrambasaguas. Los instantes inmediatamente previos a la «descarga» se vivieron con un nudo en la garganta.
El tiempo parecía no transcurrir. Ya estaba todo vendido. Cuando la imagen de la Virgen coronó el puente, toda la tensión acumulada se tradujo en un desenfreno de pólvora, fuego y ruido atronador. El cielo se oscureció y durante los últimos segundos la traca final retumbó en todo el valle. Tras el estruendo, la villa enmudeció. Los tiradores se abrazaron emocionados y alzaron sus manos. Cangas está de fiesta.
Fuentes de datos y fotogarfias:
www.youtube.com/user/narcelino
www.wikipedia.com
www.lne.es (Diario la nueva España)
www.narceadigital.com
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En el presente artículo desarrollaré uno de los temas más complejos y polémicos del ámbito actual de las festividades valencianas populares pirotécnicas, se trata como no de la cordà.
Este evento pirotécnico suscita toda clase de pasiones y desamores, al igual que en la obra “Romeo y Julieta”, donde la tensa relación entre los Montesco y los Capuleto acaba en tragedia.

El sentimiento de pueblo
Cuando un festero habla de la cordà, a la cual asiste todos los años, le sobran las palabras de amor por su fuego más querido. Se apasiona, ensalza su ego y se siente de su tierra. Sin embargo cuando encontramos a un vecino que no acoge esta tradición, el temor se palpa en su rostro, solo habla de penurias, de desastres, de locura y de destrucción. ¿Cómo es posible que un evento pirotécnico tenga tanta fuerza como para condicionar la forma de ser y la conducta de las personas que lo viven? Nunca una palabra pudiese suscitar tanta pasión, y tanto miedo.

La cultura popular vivida por nuestros antepasados no está escrita en ningún documento, es algo que se hereda de generación en generación. Un hecho aprobado por el pueblo y que forma parte de su idiosincrasia. Cuando la sociedad o el carácter rural cogen el camino de la extinción, con ésta mueren todas las costumbres, rituales y tradiciones que dan sentido a la forma de ser de la localidad.
Se dan casos en los que habiéndose consumido la idiosincrasia rural de la población, algunas de sus tradiciones perduran, suscitando nostalgia del pasado, de lo que ya no se tiene. Es en este caso cuando la gente de los pueblos se junta y refuerzan sus lazos de amistad. Durante ese tiempo se sienten parte del pueblo, son el pueblo, al igual que lo fueron sus padres y sus abuelos.
Qué es la cordà
A lo largo de los años la cordà se ha teñido de un significado distinto según la época que le ha tocado vivir. Ya que como indicamos arriba, la cordà forma parte de la idiosincrasia del pueblo. Con lo cual cuando éste cambia, lógicamente también cambia ésta.
Desde un punto de vista profano a las tradiciones populares, la cordà en un evento en el que los participantes encienden cohetes borrachos y los dejan correr o volar. Intentando dejar la calle o plaza siempre con fuego. Para los entendidos, es mucho más que eso. Es un evento de convivencia, de disfrute, de ritualidad, es lo que los caracteriza como pueblo.
Para poder establecer el significado de la misma es necesario situarnos en la perspectiva social de cualquier población rural agraria anterior a los flujos emigratorios de la década de los setenta del pasado siglo.
Los jóvenes se emancipaban después de haber ido al servicio militar, generalmente contrayendo matrimonio y teniendo descendencia muy pronto. La vida laboral empezaba a una edad muy temprana, ocho o nueve años de edad. Y finalizaba prácticamente cuando se fallecía. No existía la jubilación, ni las pensiones, ni la seguridad social.
La economía dependía directa o indirectamente del campo, de las cosechas, del tiempo, de que lloviese y no tronase o cayese granizo. Las enfermedades tales como un simple resfriado eran suficientes para matar a cualquier persona. De hay se deriva que la sociedad viviese bajo un manto de supersticiones. Además de que la religión católica fuese omnipresente controlando implícitamente la moralidad y conducta del pueblo.
Las diferencias sociales entre la burguesía y el campesinado eran abismales, mientras que los primeros vivían en un entorno barroco o neoclásico, el cual costaba mucho de mantener. Los campesinos, prácticamente vivían de lo que les daba la tierra.
Existía una jerarquía social muy rigurosa y una serie de rituales por lo que toda la población tenía que pasar, a los que llamaremos ritos de paso. Uno de estos, muy importante en estas sociedades, era el momento en el que el joven pasaba a ser adulto.
Pongamos un ejemplo, hay pueblos del interior donde los jóvenes que ese año iban a realizar el servicio militar realizaban un acto popular que habían hecho sus hermanos, padres, abuelos y demás generaciones. El simple hecho de estar presente y participar en este evento, era una demostración de madurez ante el pueblo entero. Siendo considerado, a partir de ese momento, como un hombre ya no como un niño.
En la cordà, esta demostración de madurez, consistía en estar debajo del carro de la cordà, cazar los cohetes y ofrecérselos a sus padres o abuelos. Para que éstos viesen que ya era un hombre. Ofrecérselos al padre de su amada, para que viese que era un buen partido para su hija. Ofrecérselos a una persona respetada para demostrarle amistad y categoría.
Mientras que el resto de participantes asistía a dicho bautismo del fuego, también eran partícipes de la fiesta, cazando cohetes, ofreciéndoselos y posteriormente dejándolos correr para que de forma libre llegasen al final de su vida.
La cordà era una fiesta para todos aquellos que amasen la pólvora, que solían ser casi todos los vecinos. Es más, podríamos decir que esta tradición era una de las pocas cosas que habían perdurado, tras todos los intentos de finiquitar el sentimiento nacionalista valenciano por parte de las ordenanzas borbónicas. Era algo que se había transmitido desde muchas generaciones, por lo que el respeto a la misma era muy grande.
La década de los años 60 y 70 son el inicio del fin de un modo de entender la cordà natural. El nuevo reemplazo de festeros se ha criado bajo la tutela de los clavarios afines al régimen dictatorial.
La cordà deja de ser un evento donde se consumen algunas pocas docenas de cohetes, por el consumo de centenares de ellas y en incremento exponencial. Este fenómeno que en principio proporciona espectáculo, también implica un alto incremento de riesgo y peligrosidad.
El inicio de la democracia y el descontrol en los espectáculos pirotécnicos propician a que se inicie un proceso de regulación para evitar los constantes accidentes pirotécnicos relacionados o no con la cordà, que se produjeron a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX.
El inicio del siglo XXI lleva consigo a una sociedad sedienta de espectáculos que le entretengan y festeros que han domado la cordà a su gusto, transformándola en arte efímero para consumo de participantes y de espectadores.

En la actualidad la inundación de fuego es el concepto principal de este evento, donde un oleaje de fuego debe recorrer el recinto perimetrado y adaptado para tal fin. Cohetes de calibre grande (nº 10 y 12) con capacidad de llenar de chispas grandes zonas, femelletas con la finalidad de llenar amplias zonas aéreas de fuego, y un sin fin de cohetes de menor calibre para mantener un fuego constante. En fin todo un reto que año tras año los festeros ponen especial dedicación. Toda una obra de arte efímero.
Lo importante a tener en cuenta es que la pasión por la pólvora, ya sea actualmente con la cordà de inundación o la cordà de antaño o de ofrendas, es prácticamente la misma. El sentimiento de pueblo es común. Solo cambia la técnica, la metodología, ya que la esencia es la misma.
En muchas poblaciones donde aún se realiza cordà, los ritos de paso prácticamente han desaparecido. Sin embargo sigue habiendo jóvenes que entran en la cordà para sentirse adultos.