1580 - El teatro en tiempos de Felipe II. Cohete pasacuerda
Titulo: El teatro en tiempos de Felipe II
Autor: Felipe B. Pedraza Jiménez, Rafael González Cañal
Catalogacion:
El uso de la cohetería era empleado en muchos ámbitos de la época tales como representaciones teatrales y litúrgicas. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en la procesión del Corpus Christi, donde al mal se le representa escupiendo fuego. El cual se simula con la llama de un cohete. A parte de aparecer una técnica para desplazar objetos ligeros a lo largo de un recorrido en el escenario teatral o a lo largo del interior de un templo, a esta tramoya se le llamó el cohete pasacuerda. Técnica que se empleó hasta e incluso en la cordà valenciana en el siglo XIX y parte del XX.
Documento:
Volviendo a las plazas públicas, en La cena de Baltasar calderoniana se requería el concurso de una cuerda extendida de parte a parte, para conducir al sitio justo un veloz cohete, bien disimulado detrás de una mano recortada. John E. varey habló ya de esta mano divina que atravesaba –rápida, como un rayo- desde un carro hasta el otro durante la representación del auto sacramental (cohete pasacuerda). Hace tiempo que sugerí el año de 1635 para este auto de Calderón, el mismo año que “en Toro, para las fiestas del Corpus se compraron a Rodrigo de Frías, maestro de fuego, cuatro montantes y cada uno con siete tiempos y un trueno a precio cada montante a dos reales y dieciséis docenas de cohetes voladores de papel, las seis de rapapiés, y otras dos docenas de cohetes de luces y rayos y truenos y alcancías de a siete cohetes cada una, los tres de caña, los cuatro de papel, todo puesto en Toro”
Como anexo nos comenta el autor:
Véase Luis Fernandez Martín, SJ., Comediantes, esclavos y moriscos de Valladoliz. Siglos XVI y XVII. Universidad Valladoliz, 1988, p 21. En la página anterior de este serio trabajo se lee otro concierto, dos años más tardío, con un “maestro de cohetería”, el cual se comprometió a llevar a Tordesillas trescientos cohetes de papel, los ciento cincuenta voladores y los otros ciento cincuenta buscapiés a tres reales la docena, cuatro ruedas con su girándola cada una y las ruedas seis tiempos de arrojar, cada una por ciento treinta reales”. Naturalmente no hay que pensar que todo ese material se emplearía propiamente en la escenificación de los autos sacramentales.