1856 - Los Valencianos Pintados por si Mismos. El cohetero
Autor: Alejandro Buchaca y Freire (El cohetero) - Los valencianos pintados por si mismos
Fecha: 1856
Fecha Catalogacion: 20/04/2011
Catalogado por: carlos Ponce
Catalogacion:
Exquisito trabajo de observacion del oficio de cuheter a mediados del siglo XIX, donde se nos presentan todo tipo de detalles de los articulos pirotecnicos empleados en la fiesta.
Cabe resaltar que es el primer trabajo donde deja claro el disparo de Cordà (cuerda de cohetes), y cohetes sueltos.
Documento:
Allá voy, y no á hacer cualquier cosa; nada menos quo ha describir á un pirotécnico, pero no de aquellos que en la pirotécnica se dedican á la aplicacion tormentaria y arto de destruir, sino á la parte^ recreativa; los primeros necesitan de muchos y sublimes estudios para poder merecer una charretera en el cuerpo de artillería, á la par que los segundos sin teoría de combustion, ni cálculo diferencial, ni integral, son los que sin causar espanto entretienen á las gentes con el ronco son deis masclets (1), con el traqueteo de les piuletí's (2), la rápida ascension do tes ixides (3) y con
las vistosas ruedas que ya con direcciones recias , ya describiendo volutas ú otras curvas, despiden fuogos de diferentes colores presentando bellísimos cuadros capaces de animar al inglés mas flemático.
El pirotécnico que vamos á describir llamado vulgarmente el Cuheter (1), es un hombre que causa la mayor admiracion á los labriegos: generalmente es séño, previsor, sereno, arrojado y pronto en sus acciones; suele no fumar y en caso de hacerlo lo verifica pocas veces. Estas cualidades son debidas á el eminente peligro á que continuamente está espuesto por la fácil inflamacion de la pólvora y otros combustibles que forman el principal material de sus obras. Los instrumentos de su arte se reducen á una artesa y una bala de á doce para desmenuzar la pólvora; un almirez para machacar el azufre; una hoz para cortar las cañas; unas tijeras para cortar papel; un embudito de ojadelata; unos cuantos pinchadores;, atacadores de hierro huecos y macizos ; una balanza pequeña; mesas y sillas. Su trage siempre modesto y de poco valor, suele componerse de un pantalon no muy ancho y bien cortado de tiro para poder saltar con facilidad; una chaqueta do manga ajustada, porque los faldones de un gaban ó levita le incomodarían y la manga ancha permitiría la entrada á las chispas hasta tocar el cutis de los brazos. Prefiere la ropa de lana á la de hilo y mas á la de algodon, porque en aquella el fuego no puede prenderse con facilidad, mas no tiene nolicia de lás telas de asbesto que son incombustibles. Estos humildes Pirabolistas andan siempre do fiesta en fiesta al revés de los médicos que andan siempre de llanto en llanto. Trabajan con ligereza y precaucion, son exactos en sus presupuestos y sacan un regular producto de su trabajo. Sus mas utiles y altas relaciones son los alcaldes de los pueblos y los clavarios de las fiestas. Cuando unos ú otros se presentan en su casa , en representacion de la junta de fábrica ó ayuntamiento, el cohetero los recibe con mucha se
riodad, les dice que se sienten¡ quedándose él de pió. El alcalde y demás del comandin lo observan atentamente, se miran unos á oíros y tomando uno la iniciativa esplica al cohetero ol objeto de su venida manifestando si quiere maseles, traca de cohetes, castillo ó cuerda. Siempre son tres de estas cosas las que sa le encargan, pero infaliblemente, si es para pueblo cntran en ellas las dos prir meras; la determinacion de si la torcera ha de ser cuerda ó castillo, depende de una discusion, que los principales del pueble' han tenido de antemano en la cual suele haber mas debato que en el congreso de diputados cuando se traía de presupuestos.
Resuelta la cuestion , al paso que encargan la traca y los masclets entran en ajuste del castillo ó cuerda, sin esplicacion de la clase de vistas de fuegos quo ha do tenor y sin otro mas que decir ua castillo ó cuerda de tantas libras de, valor (1). El cohetero que les ha estado escuchando con suma atencion uno los estrenaos do los dedos índice y pulgar y llevándolos á los lábios, se queda ponsatiYo y como refleesionando si podrá desempeñar el cargo. Por pocas que sean sus ocupacioi.es eu aquel entonces, contesta:
—Mucho trabajo hay. Y sigue como maditando; no obstante haremos lo quo se pueda.
—Es que no fasa falta. Contesta uno de los otros. El dia abans per la vesprada despere en casa.
—Bien, bien. Contesta el cohetero.
—No se olvide de dur bon cabás. Dándole á entender con esto que lleve un buen capazo lleno de cohetes sueltos.
—Bueno; no faltará nada de lo que sea menester. Envíen ustedes un carro uno ó dos dias antes, segun lo distaute que está el pueblo, que allá iré con mi gente.
Se despide la comision y el cohetero principia á preparar la encomienda por sí solo ó auxiliado por sus oficiales, los cuales trabajan sentados con mucha separacion unos do otros para evitar desgracias. Con mucha facilidad ocurren explosiones causándolas á veces muy terribles. En la fabricacion do les ixides de luz que so componen do una mezcla do salitre, azufre y carbon; cuando atacan estos ingredientes dentro del rollo do papel ó cáñon de caña queda forma al cohete y por inadvertencia ó descuido choca el atacador con otro hierro que hay dentro di¡l coheto mientras lo forman, se produce la esplosion del que tienen entro las manos; y es cosa do admirar como no lo sueltan y lo sostienen con los dedos para que no comunique el fuego á la obra que suele haber en derredor. Los mas de ellos que ignoran las materias que constituyen la pólvora suelen admirarse que unidas las materias indicadas so inflamen con tanta facilidad, y mil veces se les oye decir: «Cosas hay en nuestro oficio á las que se prendo fuego con mas facilidad que á la pólvora.
Un poco antes ó despues que el cohetero y sus oficiales han concluido el trabajo encomendado, como de improviso, se presenta á la puerta de su casa un hombre acompañando el carro convenido para la traslacion del cohetero, oficiales y su obra al pueblo donde se ha de celebrar la funcion.
—¿Ya están hechos los fuegos? Pregunta el conducir del carro. ¿Podremos divertirnos? No so olvido usted de los cohetes sueltos. —Ya tengo hecho buen acopio de ellos. Respondo el cohetero. Y por cierto que los hay bien gordos.
Con sumo cuidado cargan su obra sobre el carro, y el conductor, cohetero y dos ó mas oficiales suben en el y se dirijen hacia el lugar de la funcion. Durante el camino el cohetero lo va ponderando al conductor el buen trato que á el y á sus ayudantes les dieron en tal ó cual pueblo , lo mucho que les gustó la cuerda ó castillo; los oficiales que tambien meten su cuarto á espadas en la conversacion, como en un cutrcparcntesis preguntan si en el pueblo á donde van hay buen vino, citando algunos puntos djndo dicen que les dieron á beber con abundancia uno muy bueno ; el conductor con inoccnto amabilidad les contesta que en su pueblo bay vinos de escelente calidad, porque aunquo no sea así creo que todo lo que existe en el lugar en que ba nacido es lo mejor quo so conoce en el mundo , y les promete que durante los días que permanezcan cu el pueblo les dará á beber cuanto quieran del mejor vino que se encuentre. Con esta y otras conversaciones van pasando el camino sin serles fastidioso y cuando menos piensan se encuentran en las inmediaciones del pueblo. El previsor cohetero manda á sus oficiales quo inmediatamente ceben pió á tierra y se queda en el carro puesto de pié; el conductor baja y toma con su izquierda la muía por la brida junto á I) boca, con la derecba bacc crujir el látigo y formando un curioso grupo entran en el pueblo. Todos los muchachos salen frenéticos á recibirles, andan saltando y gritando al rededor del carro; los oficiales les separan empujándoles, uno cao junto á la rueda, otro se plaño do un latigazo que ba recibido del conductor, las muge res salen á las puertas y miran aquel aparato hasta que lo picr- den de vista. Como en triunfo acompañan al cohetero y demás jentes hasta la casa donde debe pernoctar. Llegados ya los oficiales descargan todo el comboy y lo depositan con precaucion en sitio retirado y seguro. Mientras, acuden el alcalde, el secretario, los regidores, el cura, el médico, el maestro de escuela y todos aquellos que figuran en primer linca en el pueblo; cada cual dirijo al cohetero mil palabras que todas se reducen á preguntarle ¿Que tal, tindrem bones desparaest Será bó el castell? ¿Parta cuhets solts?
El secretario suele recordar á media voz la orden dada por diferentes gobernadores civiles de qua no se permita disparar carretillas sueltas on las poblaciones. Todo el mundo calla y oye al secretario con desprecio; alguno mas osado contesta. ¡Vhá, vhá! Els de Valencia valen arreglara tot. Mes valguéra que se arreglaren ells. Algun viejo de los presentes suele concluir la locucion dclosodo añadiendo: Tota la vida han tirat cuhets els dies de les [estes. ¿Per qué no nam de tirar liara? Entre estas y otras razones el cohetero y su jente descansan del viage y toman Mi buen vaso de agua con limon y azúcar. Luego sale aoompañado de la comitiva que allí se ha reunido á su llegada y se dirijen al sitlo donde quieren que se dispare el castillo 6 cuerda, examina atentamente el terreno y como sabe la direccion de los fuegos y el efocto que pueden producir á la vista del espectador de mirarlos de uno ú otro punto, si acaso no juzga el sitio á propósito lo manifiesta á los que le acompañan, les indica la mejor disposicion, y estos, por aquelto do Magister disconvienen sin replicar con el cohetero.
Al día siguiente apenas principia el sol á rayar sobre el horizonte dorando las cumbres de las montañas, las azoteas de los edificios, y has copas do tos árboles mas elevados ; cuando las flores muestran su mejor lozanía resaltando sobre sus corolas las brillantes gotas de rocío que el relente depositó durante la noche; cuando acariciadas por un suave céfiro embalsaman la atmósfera con sus aromáticos olores, un vuelo de campanas y clamoreo general anuncian el principio de la fiesta y el cohetero comienza á demostrar sus habilidades. Frente á la puerta del templo Tiene colocada como una hilera de masclets que va disparando uno á uno al son de las campanas: Todo so pone en movimiento , los niños saltan de alegría, todos van abriendo las puertas de su casa; únicamente suele permanecer cerradato de algun palacio, antiguo castillo donde mora alguna señora de alta estirpe que por haber gastado con demasía ca la corte se ha retirado provisionalmente en aquel lugar, do donde toma el nombre su título; y el confuso rumor la despierta, tal vez, de un sueño que que la hacia gozar de un fantástico baile que se daba en una embajada en cuyos salones soñaba estar. La banda do música repite varias piezas alegres y todo aparece bello y encantador.
El cohetero vuelve á su alojamiento, almuerza y prepara de nuevo los masclets. Los oficiales que no han olvidado las promesas del que les condujo al pueblo, cuando en el camino le preguntaron si habia buen vino en el lugar á donde iban, recuerdan á su conductor lo prometido y logran viritar algunas bodegas donde dan á Baco un culto reverente.
A las dioz de la mañana suele principiar la misa mayor con orquesta y sermon ; al llegar al primer evangelio se disparan otra vez una hilera de masclets, lo mismo al levantar á Dios y á la conclusion de la misa.
Por la tarde del primer dia de la fiosta no suele baber cosa particular en el pueblo que ocupo notablemente al cohetero ni á sus oficiales. Por la noche despues de haber tenido un concierto de dogos, haberse recitado algun romance ú otra diversion por el estilo; cuando la noche ha mediado su carrera y todo el pueblo se ha retirado a descansar descando que llegue el siguiente dia para continuar la fiesta, aquellos mozos solteros á quien el pérfido Cupido ha herido con sus invisibles flechas , pretenden dar un desahogo á sus eróticas pasiones , manifestando el amor que tienen á sus sil— lides con una serenata que llaman albaes. Este es un episodio de la fiesta en que el cohetero toma parle aunque indirectamente. En los pueblos de nuestra provincia las mozas solteras tienen vanidad de que sus pretendientes los tiznen con humo producido por el fuego de los cohetes las fachadas de sus casas que por razon de las fiestas han blanqueado, pues en ello creen ver grabadas las señales del aprecio que se los tiene entre los solteros. Cosa singular son las tales serenatas: una dulzaina, un tamboril; dos Bardos, y no de los que tuvo Salomon ni la Escocia ; un gran número de mozos y el cohetero ó uno de sus oficiales con un capazo sobre las espaldas lleno de cohetes, se presentan frcnto la ventana do la joven que quieren obsequiar. Principian con una monótona orquesta y cuando concluye la introduccion, que dura unos tres minutos , el tamboril acompaña con unos golpes pausados y pianos; uno de los Bardos se pone a cantar improvisando el primero y segundo verso' y el otro concluye el cuarteto cantando tambien de improviso el tercero y cuarto. De tales inprovisaciones suelen salir unas veces pensamientos ingeniosos y sutiles; otras, estravagancias y sandeces ,de, á folio; el lenguaje es castellano, valenciano ó una mezcla de entrambos , como por ejemplo.
M, —Niña quo estás en la cama,
despierta si eslás dormida.
—No aumentes la ardiente llama
que va acabar con mi vida.
— Cuanta cósa en lo mon pasa,
¡pues anem com te que ser!
—Tens al rector dins de casa
y al teu novio en lo carrer.
—Prenda de amor adorada
pomell de aroma y chesmil.
Eres niña mas salada - „
que les roses en abril. A la conclusion de cada cuarteto vuelvo la música igual á la introduccion, disparan algunos cohetes , dan unos prolongados abullidos que allí llaman rellinchar, semejantes á los lelilíes de los árabes y cantan otras canciones por el estilo.
La hurí que ha ostado escuchando desde el principio aquella armónica manifestacion del amor que inspira, dá mil y mil vueltas por su mullido lecho y no satisfecha do estar oyendo desde la cama se levanta con ligereza , pone desnudos los pies sobre e! suelo y con solo el grotesco camison que cubre sus torneadas formas corre á colocarse encojida debajo de la ventana para escuchar mas de cerca las coplas que entonan en su alabanza; se repilo el disparo do cohetes que tiznan la blanca fachada , siguen cantándola improvisadas canciones haciéndola aumentar el férvido deseo que tiene de quellegue el suspirado día en que el himeneo haga reales sus esperanzas ; la comitiva se despide cantando, y se marcha con la música á otra parto.
Cansados de darle culto á Cítores pasan á dárselo á Momo parándose á la puerta de algun viejo regañon que por desgracia tiene dos ó mas hijas feas y presuntuosas y entre otras canciones tambien improvisadas y con igual filarmonía que las anteriores suelen cantar.
— Ya se que tens dos chiquetes
Deu fasa que siguen bónes. —Mts valgueraque tingueres
dos póres de catorse arróbes —Cuando paso por lu pucrta
me haces cara de Musolo (1) —y como soy Teulaino (2) solo paso, pico y colo (3) Con estas sátiras y aquellas trovas se termina la funcion y cansados se retiran á sus casas.
Principia el día á clarear, Morfco deja su presidencia, vuelve Fcbo á ocuparla y las pintadas avecillas saludan al padre de la luz con sus suaves y melodiosos trinos. El pobre cohetero, ó uno de sus oficiales sin embargo de no baber dormido en toda la noche coloca sus masclcls, como el dia anterior, frente la pucrta del templo, los dispara acompañando al estampido el vuelo de campanas y comienza el segundo dia de la fiesta.
Este es el dia de mas trabajo y en el que el cohetero muestra todas sus habilidades. Mientras se celebra la misa conventual hace . los disparos de costumbre y luego pasa con los oficiales á preparar el castillo. A manera de un arquitecto cuando plantea un palacio clava en el suelo los piquetes que juzga necesarios , los une por medio de cuerdas, marca los puntos donde han do ahincarse los piés derechos , y los oficiales principian á hincar dichos pies sujetándose estrictamente á lo prescrito por su director; concluida esta operacion el cohetero, para probar la solidez del trabajo, se abraza á cada madero le empuja hácia adelante y atrás y si ve que no se mueve dá por sólida la obra. Coloca las ruedas dondo están ensartados los cohetes y queda montado todo el aparato.
Como muchas jentes de los pueblos circunvecinos suelen acudir
á la fiesta siempre envidiosos del goce de los de aquel lugar, algunos mal intencionados intentan á veces prender ocultamente fuego al castillo; para que esto no suceda el alcalde pone dos ó mas vigilantes que no dejan acercar á nadie mas que hasta una distancia desde donde no pueden hacer mal.
Muchas veces en lugar de un castillo hay dos, uno que paga el ayuntamiento y otro los clavarios; otras, el ayuntamiento paga una cubrda y los clavarios un castillo ó viceversa. En el mayor número de pueblos por razon de economía solo se dispara una de las dos cosas.
El disparo de la cuerda no ofrece tan buena vista al público ni lucimiento para el cohetero como el del castillo, sin embargo que son mayores las dificultades que hay que vencer para que una cuerda sea buena.
A lo largo de una cuerda tirante sujeta por sus estremos hacen correr varias ruedas de cohetes, que van prendiéndose fuego por un orden sucesivo desprendiendo muchas veces otros cohetes hacia baio y otros rayos de luz de diferentes colores con intérvalos de oscuridad, sin que por esto deje de estar prendido el fuego. Dichas ruedas caminan por solo el impulso que reciben del fuego; únicamente si por el rozamiento con la cuerda les imp'.dc la marcha, los oficiales les empujan con una caña. Presentan estas, vistas mas ó menos agradables.
El castillo es la obra mas bella de las del cohetero. Despues que se ha celebrado la procesion, cuando la imágen del santo patron del pueblo que llevan en andas esta entrando en el templo, una estrepitosa traca de cohetes retumba en los oidos de los concurrentes terminando con trueno de ronco estampido al que el pueblo contesta victoreando.
Segun disposicion de los señores que dirijen la fiesta, concluida la procesion, ó una ó dos horas despues, proceden al disparo del castillo; disponen lo primero cuando hay muchos forasteros y quieren dispensarles la gracia do dispararlo pronto para que no regre
sen tardo á sus casas, y lo segundo cuando por antojo quieren guardar la mayor diversion para despues de cenar. , Llegada la hora convenida, gran número de gente se encuentra agrupada en derredor del castillo, los balcones y ventanas se bullan llenos de curiosos y todos aguardan con impaciencia que se dé principio á la funcion. i
Dada la órden para proceder al disparo, ol cohetero y sus oficiales se disponen para el efecto atándose cuatro hilos ó cintas uno en el estremo de cada manga de la chaqueta y los otros dos en los estreñios del pantalon, con objeto de que no se les pueda introducir ninguna chispa. Llegado el momento se principia disparando de uno á uno varios cohetes voladores que suben con una velocidad admirable, osta liando unos con un pequeño trueno cuando llegan á su mayor altura, otros mostrando una luz amarillenta ó rojiza que ilumina todo aquel espacio dejando ver con bastante claridad el rostro de los espectadores ; luego van prendiendo fuego á las ruedas mas avanzadas, las que jiran en torno de su eje desprendiendo luces de admirable vista, siguen á estas los fuegos de enmedio y luego las del centro, que son las últimas, se desarrollan en figuras semicirculares, cónicas ó élices con profusion de luces de mil colores que causan un maravilloso encanto ; suele concluir por una estrepitosa iraca de cohetes y por la ascencion á la vez de varios cohetes voladores. Aquí es ella: los mozos que han vaciado el capazo del cohetero comprándole todos los cohetes sueltos que ha traido además de los gas'ados en les albaes, principian á prenderles fuego lanzandoles a diestra y siniestra sobre los grupos de gente; lodos se ponen en movimiento; corren, chillan, gritan, ríen, vocean; por todas partes se ven raudales de fuego; parece que el PiroQcjeton (1) se ba salido de madre, todo el mundo aunque contenio se encuentra alarmado; únicamente el cohetero permanece impasible al fuego y se muestia satisfecho por haber dado lin á su compromiso.
En lai misma noche y despues de haber desmontado las ruedas y desclavado los pies derechos que armaban el castillo se presenta en casa del alcalde, ajusta su cuenta, firma si sabe el recibo que suelen darle estendido o lo hace por mano ajena, cobra el valor de todos los trabajos, cena, le dan las gracias y se retira a descansar
A las fiestas que se celebran en los pueblos suele seguirse el que haya dos o tres dias en que se corren novillos; Convidan como es regular al cohetero para que asista a estás, pero este, o sea por apello que a nadie le gusta estar en la tienda despues de que concluyó su hacienda Ó bien porque conviene con aquel refran anglo-americano de Time is money no aguarda mas y se marcha en cuando amanece
Estas son las obseravciones que tengo hechas acerca de la vida del cohetero. Es uno de aqueltos individuos que no gustan de revoluciones, no desean mas que haya fiestas y su mayor gloria consiste en que se le encargue la formacion de un castillo ó cuerda que haya de dispararse en peseencia de S.M.