1726 - Buscapie, carretilla o cohete borracho
Titulo: OBRAS COMPLETAS DE CERVANTES DEDICADAS AL SR INFANTE DON SEBASTIAN GABRIEL DE BORBON Y BRAGANZA (1863)
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Como quiera que sea, el mismo nombre que el inventor ideó para el decantado folleto, descubre claramente la hilaza. Según Ruidíaz, el anónimo autor decía que se había propuesto “echar un buscapié que pusiese en movimiento á los embobados”.
En el tiempo de la figurada composición del Buscapié no se usaba de tal término en esa forma; conocíase únicamente el pluralizado buscapiés. Llevaba este nombre el cohete rastrero, sin varilla que en las fiestas de pólvora se soltaba, dirigiéndole hácia la concurrencia, á la cual ponia en desordenado movimiento, corriendo y serpenteando entre los piés. Buscapiés, porque á los dos ó doscientos se dirigía el cohete, al modo que se decia tambien besapiés, como besamanos (“Encájele un besapiés”, escribe Cervantes), y que se dice todavía guardapiés.
En el primitivo Diccionario de la Academia (1726) á continuación del artículo Buscapiés, cohete, leemos el siguiente: “Buscapiés: se llama el asunto ó palabras que se dicen ó se fingen para meter á algunos en desconfianza, ó darles cuidado y en qué entender” Véase, pues, aquí la terminación todavía pluralizada, áun bajo ese metafórico significado. La variación de buscapié por buscapiés, introducida posteriormente por la Academia para la segunda acepción, no puede atribuirse sino al nuevo uso que de esa desfigurada palabra introdujo el embolismo de que nos ocupamos. No de otro modo los modernos redactores de cierto novísimo Diccionario castellano, fieles ortodoxos sin duda del antiguo y moderno Buscapié, creyéndose intérpretes del uso, han estampado á renglón seguido de las definiciones académicas, esta flamante del bellaco terminillo “Buscapié: clave descifratoria del sentido de alguna obra” ¡Así se ofusca la verdad y se corrompen el lenguaje, las ideas y todo¡