1650 - Fiesta religiosa y ocio en Salamanca en el siglo XVii (1600 – 1650)
Autor: Desconocido
Propietario: Carlos Ponce Navarro
Fecha: 1600 - 1650
Fecha catalogacion: 19/04/2011
Palabras Clave: Pirotecnia Barroca, Salamanca, Corpus, cohetes, carretillas, embrillas
Catalogacion: Las fiestas barrocas fueron el exponente de la cultura cohetera popular, ya que tenían el objetivo de ensalzar al máximo las celebraciones. La cohetería es uno de los elementos fundamentales en este tipo de celebraciones. Si uso, principalmente, es como medio de llevar a cabo las exhibiciones. Cohetes, arcabuces, xirandolas, carretillas, embrillas.
Se percibe que el uso de estos elementos están permitidos sin prejuicio alguno entre las autoridades pertinentes.
Documento:
Fiesta religiosa y ocio en Salamanca en el siglo XVii (1600 – 1650)
… Para las fiestas de 1628 Juan Martinez Torres elevó una serie de arquitecturas efímeras rememorando la historia de la ciudad de Troya y su incendio. El documemto describe sus caracteristicas: la urbe tendría veinticuatro pies de ancho – 6,92 metros - y una torre de cuarenta de alto – 11,20 metros -. Estaría fundada sobre una peña, con una muralla alrededor de seis pies de alto. También se fabricarían un caballo de doce pies de largo – 3,36 metros-. La construcción, asentada sobre un tablado, daría la vuelta a la Plaza mayor el día del Corpus hasta llegar a la puerta de la ciudad de donde saldrían ocho montaneros despejando la Plaza, con mucha cohetería y fuego que partiría de dentro del equino. En la composición también aparecían ocho figuras en ventanas y almenas cuyas cabezas saldrían por los aires. Aparecería escondido un personaje con sus cohetes y delante del caballo Sinón pintado con dos caras. Para instruir al público sobre la história de esta ciudad, se pondría en el tablado tarjetas con versos. Para el día de la procesión se construiría una lámpara grande congada en medio de la calle que dispararía fuegos de artificio a la llegada del Santísimo Sacramento. También se harían cuatro caballos con cuatro hombres y fuegos dentro de ellos. Saldrían a la Plaza mayor una vez acabada la corrida de toros para el juego de cañas(1). Toda la composición debería estar acabada un mes antes de las fiestas del Corpus y acompañada de un total de 8.000 cohetes, pena de 100 ducados de multa en caso de retraso. El artífice percibiría 350 ducados por su obra, pero se salía “lucida” y a satisfacción de los patrocinadores se podía incrementar la cantidad en otros 50ducados más(2).
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Encima de uno de estos animales míticos se colocaría la figura de un diablo. En la composición habría otros dos dragones pequeños en la parte superior; dos bolas de infierno y todas las cabezas que fuesen menester para adorno del monte. Igualmente se haría un gigante, de diez pies de alto – 2.8 metros- que menease un pie, los dos brazos y sacase la lengua, para andar por las calles durante la procesión. El día de los toros se colocaría en medio de la Plaza mayor y de él saldrían cohetes y truenos. Además, confeccionaría una manta para echarla encima de un toro con sus cuernos encendidos. La manta estaría llena de cohetes, conforme se había hecho otras veces en la ciudad (3)
(3) la cohetería que acompañaría a las figuras se compondría de 60 “xirándulas” de dos docenas de cohetes cada una; 60 ruedas de cinco cohetes, un trueno de 600 salidas de a seis cohetes cada una; 500 traques de algodón; 50 bombas de chisperas; 200 cohetes de lana escotos; 100 carretillas; 100 hembrillas; 4.000 cohetes ordinarios; 12 cohetes de cuerda y una cuerda de cohetes. El precio de toda la composición ascendería 3.300 reales
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La citada cofradía se hacia así mismo con los servicios de un polvorista para realizar cohetes y colocarlos en las figuras de las composiciones. En 1614 se encargaron a Juan de Miranda 3.500 de papel, voladores y rodapiés, fabricados con cuatro arrobas de pólvora. Si superaban la calidad de los empleados por la ciudad la noche anterior, se le pagarían a seis maravedíes cada uno, en caso contrarío a cuatro maravedíes. El uso de pólvora también estuvo presente en los desfiles de individuos con arcabuces, aunque ignoramos si disparaban salvas o simplemente los llevaban como adorno. Como se puede observas, el recurso a los temas de la Antigüedad Clásica en las arquitecturas efímeras, fue una constante en las fiestas del Corpus salmantinas. (4)
(4) En 1636 el convento de San Francisco pidió al Ayuntamiento cuarneta arcabuces para la fiesta del Santísimo Sacramento. Antonio Peñafiel indica que la pólvora disparada constituia una manifestación de júbilo y alegría, un elemento representativo del fervor y religiosidad popular